Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2026: La resiliencia empieza en casa

Los hogares son donde las personas viven, descansan, se cuidan mutuamente y buscan refugio y seguridad. Para muchas, representan el centro de su bienestar y estabilidad. Sin embargo, la forma en que las viviendas se planifican, construyen, financian y mantienen determina si el riesgo se reduce o se genera.
Cuando las casas se ubican en zonas de alto riesgo, se construyen sin diseños resilientes ante desastres o se mantienen de manera insuficiente para resistir las amenazas crecientes, el hogar se convierte en un espacio de vulnerabilidad que contribuye a la pérdida de vidas, el desplazamiento y las pérdidas económicas. Estos riesgos suelen tener impactos diferenciados sobre las mujeres, la infancia, las personas mayores, las personas con discapacidad, los hogares de bajos ingresos y los grupos con diversidad de género, especialmente donde persisten desigualdades en materia de vivienda, tenencia de la tierra, acceso a recursos, movilidad, responsabilidades de cuidado y participación en la toma de decisiones.
La Revisión de Medio Período de la implementación del Marco de Sendaí identificó dificultades persistentes en la aplicación de normativas de uso del suelo y de construcción sensibles al riesgo, así como en la participación efectiva de comunidades y hogares en los procesos de toma de decisiones para la reducción del riesgo de desastres. El informe señaló que muchos países aún carecen de mecanismos adecuados para garantizar construcciones resilientes en zonas expuestas a amenazas. Las personas que viven en asentamientos informales suelen quedar al margen de los procesos de planificación, las medidas de reducción de riesgo y la regulación de la construcción, mientras que los grupos marginalizados enfrentan con frecuencia obstáculos adicionales para acceder a una vivienda segura, a los servicios básicos y a la participación en la toma de decisiones a nivel local.
La resiliencia del hogar depende de la acción combinada de gobiernos, autoridades locales, sector privado y hogares. Los Estados tienen la responsabilidad principal de reducir el riesgo de desastres, pero los promotores inmobiliarios, las empresas constructoras, los financiadores y las aseguradoras también inciden en la exposición y la vulnerabilidad a través de las decisiones sobre dónde y cómo se construyen las viviendas, los materiales y estándares utilizados, y la disponibilidad de productos de financiamiento y seguros basados en información de riesgo. Fortalecer la rendición de cuentas y los incentivos entre estos actores es esencial para garantizar la resiliencia habitacional, incluyendo políticas de vivienda inclusivas e informadas por el riesgo, mecanismos de financiamiento y seguros accesibles y asequibles, principios de diseño universal, y la participación significativa de mujeres, personas con discapacidad y comunidades locales en los procesos de planificación urbana y habitacional.
El Marco de Sendaí para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 establece la reducción del riesgo de desastres como un esfuerzo centrado en las personas, y subraya que las políticas, los sistemas y las inversiones deben diseñarse en función de las necesidades y capacidades de los individuos y las comunidades, reconociendo que los riesgos y los impactos de los desastres no se distribuyen de manera equitativa entre la población.
En ningún ámbito este principio resulta más pertinente que en el hogar – el entorno más personal y fundamental en la vida de las personas.
Tema para 2026
Para garantizar que los hogares permanezcan seguros para todas las personas, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres ha seleccionado "La resiliencia empieza en casa" como tema del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres (IDDRR) 2026, que se observa el 13 de octubre.
Este tema reconoce que el hogar es, al mismo tiempo, el principal espacio donde se sienten los impactos de los desastres y la primera línea de la construcción de resiliencia. Convoca a todos los actores: gobiernos, sector privado, sociedad civil, organizaciones de personas con discapacidad, grupos de mujeres, redes de jóvenes, líderes comunitarios diversos y los propios hogares, a adoptar medidas concretas para reducir el riesgo de desastres donde más importa.
A nivel del hogar, las personas tienen una clara responsabilidad con su propia seguridad y deben estar empoderadas para actuar en su protección. No obstante, la capacidad de actuar está frecuentemente condicionada por el acceso desigual a información, recursos, tenencia de la tierra, financiamiento, protección social y poder de decisión al interior de los hogares y las comunidades. Cuando los hogares pueden acceder a información sobre los riesgos que enfrentan y comprenderla, responder eficazmente a las alertas tempranas, tomar decisiones informadas sobre la vivienda y participar en los procesos de planificación local, se convierten en agentes activos de la resiliencia.
Los avances globales en los sistemas de alerta temprana, impulsados por la iniciativa Alertas Tempranas para Todos, han permitido que más personas reciban alertas sobre amenazas que en cualquier momento anterior. Sin embargo, las alertas tempranas solo son efectivas cuando llegan a todos los miembros del hogar en formatos accesibles y comprensibles, cuando las personas entienden la vulnerabilidad de su vivienda frente a amenazas específicas, y cuando saben qué acciones de protección deben tomar. Cerrar la brecha entre recibir una alerta y actuar de manera adecuada a nivel del hogar - a través de una comunicación de riesgo accesible, una planificación de evacuación inclusiva y el reconocimiento de las responsabilidades de cuidado desproporcionadas que suelen recaer sobre las mujeres durante los desastres - sigue siendo un desafío crítico que este tema busca abordar.
El tema se alinea con la decimotercera sesión del Foro Urbano Mundial (WUF13) en 2026, organizado por ONU-Hábitat y el Gobierno de Azerbaiyán, bajo el tema "Housing the world: Safe and resilient cities and communities". También se articula con el compromiso de la Nueva Agenda Urbana de garantizar una vivienda adecuada, segura y asequible, y con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11 (Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles).
Construir resiliencia en el hogar requiere también reconocer y fortalecer el liderazgo, los conocimientos y las contribuciones de las mujeres y las comunidades locales en la reducción del riesgo de desastres y la protección de los hogares.
Objetivos
El IDDRR 2026 tiene como propósito sensibilizar a nivel global sobre la centralidad del hogar en la reducción del riesgo de desastres, abogar por una gobernanza más sólida y una mayor inversión en vivienda resiliente, visibilizar el papel del sector privado en la reducción del riesgo asociado a la vivienda, y empoderar a los hogares, en particular aquellos en situación de mayor vulnerabilidad, para que adopten medidas informadas por el riesgo que les permitan protegerse y fortalecer la resiliencia comunitaria.
La resiliencia en el hogar no es un lujo – es un derecho, una responsabilidad y una inversión.
Llamados a la acción
La reducción del riesgo de desastres es una responsabilidad compartida. Por esa razón, el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2026 dirige llamados a la acción a tres audiencias clave:
- Gobiernos
Gobiernos
Los gobiernos deben proteger a las personas en sus hogares mediante el desarrollo y la aplicación de una planificación territorial sensible al riesgo y de prácticas de construcción resilientes, el incremento de la inversión pública en resiliencia habitacional, especialmente para las poblaciones más vulnerables, y la garantía de que información de riesgo accesible y localizada llegue a todas las comunidades.
En concreto, los gobiernos deben:
- Adoptar estándares y enfoques globales, como los Principios para Infraestructura Resiliente, que integren la resiliencia inclusiva en la planificación de infraestructuras y sistemas habitacionales.
- Desarrollar y aplicar códigos de construcción resilientes ante desastres, incluidas normas de accesibilidad universal y diseño inclusivo.
- Garantizar que la planificación del uso del suelo esté informada por el riesgo y responda a las necesidades y vulnerabilidades diferenciadas de los distintos grupos de población.
- Ampliar sistemas de alerta temprana multiamenaza inclusivos, centrados en las personas, con perspectiva de género y accesibles para todos.
- Proporcionar a las comunidades información de riesgo accesible a nivel local a través de enfoques de comunicación inclusivos que lleguen a todos los grupos, incluidos los más expuestos a la exclusión.
- Ampliar el acceso a seguros de vivienda asequibles y orientados a la prevención, especialmente para hogares de bajos ingresos y grupos en situación de mayor vulnerabilidad.
- Involucrar y empoderar a hogares y comunidades, incluidos grupos de mujeres, organizaciones de personas con discapacidad, juventud y líderes locales, en la planificación y la toma de decisiones para la RRD.
- Fortalecer la coordinación entre autoridades públicas, sector privado, sociedad civil y comunidades locales.
- Combinar prácticas de construcción tradicionales con estándares de ingeniería modernos para garantizar viviendas culturalmente pertinentes, asequibles, resilientes ante desastres, accesibles e inclusivas.
- Fortalecer las capacidades locales mediante la formación de albañiles y artesanos, incluidas mujeres y jóvenes, en técnicas de construcción resilientes y diseño inclusivo.
- El sector privado
El sector privado
El sector privado debe priorizar la resiliencia a largo plazo sobre la conveniencia a corto plazo. Esto implica cumplir con las normativas de zonificación y los códigos de construcción, realizar y divulgar evaluaciones de riesgo de desastres y climático, invertir en prácticas de diseño y construcción resilientes, y apoyar el desarrollo de instrumentos financieros accesibles que permitan a los hogares mitigar y transferir el riesgo. El sector privado debe alinear sus prácticas con los principios rectores de la Alianza del Sector Privado para Sociedades Resilientes ante Desastres (ARISE) de UNDRR: desarrollo socioeconómico resiliente, trabajo en alianzas público-privadas, abordaje coherente del riesgo climático y de desastres, demostración del valor agregado de la reducción del riesgo, y operación bajo principios de buena gobernanza alineados con los valores de las Naciones Unidas, los derechos humanos y la dignidad de todas las personas.
En concreto, los actores del sector privado deben:
- Priorizar la resiliencia ante desastres a largo plazo sobre la conveniencia a corto plazo, promoviendo al mismo tiempo el acceso inclusivo y equitativo a vivienda segura e infraestructura resiliente.
- Cumplir con las normativas de zonificación y los códigos de construcción para proteger vidas y bienes, incluyendo estándares de accesibilidad y diseño inclusivo.
- Divulgar los riesgos climáticos y de desastres conocidos a compradores e inquilinos de vivienda en formatos accesibles y comprensibles.
- Apoyar a gobiernos y hogares en el financiamiento de la mitigación y la transferencia del riesgo, incluyendo el acceso a seguros asequibles y productos financieros dirigidos a poblaciones desatendidas.
- Adoptar y promover estándares de construcción resiliente e infraestructura inclusiva.
- Apoyar a las pequeñas empresas, incluidas las lideradas por mujeres y las de base comunitaria, en el desarrollo de planes de continuidad del negocio y reducción del riesgo.
- Los hogares
Los hogares
Los hogares deben procurar comprender las amenazas y vulnerabilidades a las que están expuestos, actuar con prontitud ante las alertas tempranas, tomar decisiones informadas al comprar, arrendar o mejorar su vivienda, y participar, en la medida de lo posible, en los esfuerzos locales de resiliencia y reducción del riesgo de desastres. Fortalecer la resiliencia requiere también abordar las barreras de acceso a información, recursos, financiamiento, movilidad y toma de decisiones que afectan de manera desproporcionada a quienes ya enfrentan una mayor vulnerabilidad. La solidaridad comunitaria y el apoyo mutuo, especialmente hacia quienes pueden necesitar asistencia adicional durante las emergencias, son dimensiones esenciales de la resiliencia a nivel del hogar.
En concreto, los hogares pueden:
- Buscar información sobre amenazas, riesgos y vulnerabilidades locales en fuentes oficiales u otras fuentes confiables, y asegurarse de que esa información sea accesible y compartida con todos los miembros del hogar.
- Familiarizarse con los sistemas de alerta temprana de su zona: los tipos de alertas emitidas, las acciones de protección adecuadas y cómo apoyar a los miembros del hogar que puedan enfrentar dificultades adicionales durante las emergencias.
- Adquirir un seguro de vivienda o de arrendatario cuando esté disponible y sea asequible, y explorar programas de asistencia pública o comunitaria si es necesario, incluidos mecanismos de protección social o de apoyo comunitario.
- Adoptar medidas para mejorar la preparación del hogar, como mantener provisiones de emergencia y desarrollar planes familiares de emergencia, participar en la planificación local de RRD, en actividades de sensibilización y en iniciativas de preparación comunitaria, incluidas las apoyadas por esfuerzos de resiliencia urbana como Making Cities Resilient 2030 (MCR2030), en la medida de lo posible, fortaleciendo el liderazgo y la participación inclusivos.
- Abogar localmente por sistemas de vivienda, infraestructura y preparación accesibles, inclusivos e informados por el riesgo.
La resiliencia en la práctica: ejemplos nacionales y locales
Los siguientes son algunos de los muchos ejemplos de todo el mundo en los que gobiernos, el sector privado, comunidades y hogares están haciendo sus viviendas más seguras y resilientes.
En Colombia, Bogotá está utilizando inteligencia artificial, cartografía móvil e imágenes aéreas para identificar viviendas y barrios con mayor vulnerabilidad ante amenazas antes de que ocurran los desastres. Los datos obtenidos a nivel de calle mediante cámaras instaladas en vehículos, combinados con imágenes de drones, permiten que algoritmos de aprendizaje automático detecten riesgos estructurales, como las construcciones de "piso blando" susceptibles a terremotos, y generen inventarios barriales para orientar intervenciones específicas de mejoramiento y reforzamiento estructural. La iniciativa hace visible la vulnerabilidad para la planificación y la inversión, y permite identificar con mayor rapidez las viviendas inseguras para que los recursos limitados se asignen de manera más eficaz.
En Filipinas, la experiencia de la ciudad de Iloilo muestra cómo la vivienda en asentamientos informales puede convertirse en una base para la resiliencia climática cuando la reducción del riesgo de desastres se integra con la planificación liderada por la comunidad. Aunque las primeras respuestas gubernamentales a las inundaciones recurrentes se centraron en el desalojo de tierras, lo que frecuentemente derivó en desplazamientos forzados, surgió un cambio hacia un modelo participativo liderado por la Federación de Personas sin Hogar de Filipinas y apoyado por el gobierno local. A través de encuestas comunitarias, esquemas de ahorro y proyectos gestionados localmente, más de 1.250 hogares se han trasladado a viviendas más seguras, más cercanas a los empleos y los servicios, sin perder sus redes sociales, lo que demuestra cómo una política de vivienda codiseñada puede reducir el riesgo de inundaciones sin generar desplazamiento.
En África Occidental, la Association la Voûte Nubienne (AVN) ha contribuido a construir más de 7.000 viviendas asequibles y adaptadas al clima mediante la técnica de la Bóveda Nubia, un método de construcción en tierra con más de 3.000 años de antigüedad, en seis países. Las estructuras mantienen temperaturas interiores aproximadamente 7°C más frescas que las viviendas con techo de metal, reduciendo la necesidad de madera y sistemas de refrigeración intensivos en energía. La AVN está explorando actualmente cómo las emisiones de carbono evitadas por cada vivienda podrían generar créditos de carbono certificados, creando un mecanismo financiero para subsidiar la construcción futura destinada a familias de bajos ingresos y facilitar una expansión a gran escala en el Sahel.
En Australia, tras las graves inundaciones de 2022 que afectaron cientos de viviendas en llanuras aluviales de alto riesgo, el Gobierno de Queensland puso en marcha el Programa Voluntario de Recompra de Viviendas, financiado a través del Fondo de Viviendas Resilientes por un monto de 741 millones de dólares australianos (US$530 millones). El programa permite a los propietarios de las zonas más expuestas vender sus propiedades a su valoración previa a las inundaciones, tras lo cual los terrenos son rezonificados como no habitables para impedir su desarrollo futuro. Junto con el apoyo para el reforzamiento y la elevación de viviendas, este enfoque de recompra marca un giro desde la reparación reiterada de viviendas dañadas hacia el retiro planificado, y ofrece un modelo replicable en otras regiones propensas a inundaciones.
En Austria, Viena está aprovechando su amplio sistema de vivienda social como herramienta de adaptación climática. Con aproximadamente la mitad de los residentes de la ciudad en viviendas de propiedad municipal o subsidiadas, Viena puede realizar reformas y diseñar edificios a escala con características de resiliencia climática, incluyendo aislamiento frente a temperaturas extremas, energía solar en cubiertas, techos verdes y elementos de "ciudad esponja" como superficies permeables y áreas de retención de agua que reducen el riesgo de inundaciones. Combinado con un plan para eliminar los combustibles fósiles en los edificios para 2040, la ciudad está convirtiendo su parque habitacional en infraestructura central tanto para la mitigación como para la adaptación, un enfoque que influye de manera creciente en otras ciudades que buscan vincular la vivienda asequible con la resiliencia climática.
Mensajes clave
Los siguientes mensajes están diseñados para su uso en discursos, comunicados de prensa, artículos de opinión, redes sociales y comunicaciones con socios:
- Nadie debería tener que elegir entre una vivienda asequible y una segura.
- Toda persona merece un hogar capaz de resistir las amenazas que lo rodean.
- Los desastres no destruyen solo edificaciones: destruyen vidas, medios de vida y futuros. La resiliencia empieza en el lugar y la forma en que vivimos.
- Una alerta que no llega al hogar, no se comprende o no impulsa ninguna acción es una alerta que falla.
- El costo de incorporar resiliencia a las viviendas es una fracción del costo de reconstruir tras un desastre.
- La resiliencia en el hogar no es un lujo – es un derecho, una responsabilidad y una inversión.
- Cuando los hogares están informados, preparados e incluidos en la planificación, las comunidades enteras se vuelven más fuertes.
- El liderazgo de las mujeres y la participación comunitaria son esenciales para hogares y comunidades resilientes.
- La vivienda resiliente debe ser accesible, asequible y segura para todas las personas.
- La inclusión salva vidas: la resiliencia es más sólida cuando todas las personas forman parte de la planificación y la toma de decisiones.
Recursos
- Clase magistral sobre "Preparación para la recuperación y reconstrucción de viviendas resilientes e infraestructura crítica".
- Informe de Evaluación Global 2025: La resiliencia paga: financiamiento e inversión para nuestro futuro.
- Palabras en acción: "Guía de implementación para la planificación del uso del suelo y el ordenamiento urbano".
- Mejorar la resiliencia de la infraestructura | UNDRR.
- Biblioteca de herramientas de ARISE, Alianza del Sector Privado para Sociedades Resilientes ante Desastres.
- Plan de Acción de Género de Sendaí.

